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Departamento de Estado de los Estados Unidos
   

Palabras pronunciadas en la ceremonia de juramentación del Embajador John F. Maisto

Secretario Powell, Secretario General Adjunto Einaudi, Embajadores, amigos del Congreso, Colegas del Poder Ejecutivo, familiares, amigos

Señor Secretario, gracias por sus generosas palabras y sus sentimientos. Agradezco al Presidente Bush y a usted este nombramiento, y al Senado por su apoyo durante el proceso de ratificación.

Señor Secretario, en estos días me cuento entre las personas más afortunadas del Gobierno de los Estados Unidos, por dos razones, a saber:

  • En primer lugar, desde hace poco más de dos años, desde el 22 de enero de 2001, he tenido el privilegio de servir al Presidente y a la Dra. Condolezza Rice en la formulación y coordinación de políticas para las Américas en el Consejo de Nacional de Seguridad.
  • En segundo lugar, ahora tengo la oportunidad de seguir sirviendo al Presidente y a usted, Señor Secretario, esta vez llevando a la práctica esas políticas en las primeras filas de la escena multilateral dentro del Hemisferio.

Para aquellos de nosotros a quienes nos importan tanto los países de las Américas, no se puede pedir más. Si sumamos a esto el interesante programa de la Cumbre de las Américas y la forma como combinamos nuestros intereses bilaterales y multilaterales en nuestro “vecindario”, como gusta llamarlo el Presidente Bush, además de la posibilidad de trabajar en todo esto con nuestro nuevo Secretario Adjunto y mi viejo amigo Roger Noriega, tenemos ante nosotros días fascinantes, tareas intimidantes, y verdaderas oportunidades. 

Las políticas del Presidente en el Hemisferio Occidental están fundamentadas en los ideales y valores básicos de los Estados Unidos. El Presidente Bush asigna particular importancia a la promoción de la democracia y los derechos humanos, así como a la consolidación de las instituciones democráticas para que sean más creíbles y pertinentes para los ciudadanos individualmente; al avance del comercio y las inversiones como motores del crecimiento económico y la creación de empleos, a la reducción de la pobreza por medio del fortalecimiento de la educación, la salud y otros servicios básicos; y  a la protección de los ciudadanos contra los terroristas nacionales o internacionales, los traficantes de drogas, el lavado de dinero y las organizaciones delictivas internacionales, en especial las que trafican con seres humanos.

Este programa  representa un enfoque de política compartido y bipartidista de los Estados Unidos para el Hemisferio Occidental. El reto que debemos afrontar todos los que formamos parte del Poder Ejecutivo es llevar a la práctica esa política hemisférica sólidamente bipartidista de manera cuantificable y eficaz. Ésta es la parte difícil, pero a la vez la más interesante del trabajo que acabo de aceptar.

La diplomacia multilateral es un elemento esencial, en realidad vital,  de la política del Gobierno del Presidente Bush en el Hemisferio Occidental. Señor Secretario, usted ha puesto de relieve ese punto y lo ha llevado adelante continuamente, y lo recalcó una vez más hoy con sus palabras acerca de la Carta Democrática, la respuesta de la OEA a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, y la función de la OEA, del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral y las organizaciones especializadas del sistema interamericano para poner en práctica el mandato del proceso de Cumbres de las Américas.

Usted también ha recalcado la función de la OEA en Venezuela, en especial con respecto a la ejecución plena de la Resolución 833 de la OEA, y en Haití, donde la Resolución 822 y la presencia de la Misión Especial de la OEA son las claves para alcanzar una solución democrática. No cabe la menor duda de que la Organización de los Estados Americanos es una “organización viva que respira” y que se ha adaptado para satisfacer las necesidades del Hemisferio. Diez años atrás en la OEA, luchar contra la corrupción en los estados miembros o crear un mecanismo de evaluación mutua para los esfuerzos antinarcóticos hubiera sido impensable. Pero, eso ya no es así. La OEA ha cambiado y tiene que seguir cambiando para mantener su papel preponderante en la región. Ahora hay nuevos retos que afrontar que exigirán una nueva voluntad política de cada uno de los estados miembros. Entre esos retos se encuentran:

·        Aplicar la Carta Democrática Interamericana a todos los países del Hemisferio, sin que ningún país quede fuera;

·        Mejorar los elementos de la OEA que consolidan la democracia y favorecen los cambios institucionales que permiten la movilidad social basada en la igualdad de oportunidades;

·        Fortalecer las instituciones en cada país para complementar la marcha hacia un Área de Libre Comercio de las Américas, que es la clave para aumentar el empleo y el crecimiento y luchar eficazmente contra la pobreza.

·        Proseguir la línea de acción que aborda de manera realista las amenazas a la seguridad después del 11 de septiembre, no importa que provengan de terroristas nacionales o internacionales o de la delincuencia organizada.

·        Ayudar a los países a afrontar de manera eficaz la creciente delincuencia interna en un momento de elevada inseguridad ciudadana; y

·        Poner en práctica el nuevo crecimiento, invertir en los pueblos y los mandatos de buen gobierno que esperamos surgirán de la próxima Cumbre Especial de las Américas.

Lo que hace tan satisfactorio atender estos cargados programas en las Américas ―nuestro vecindario― es la gente con la que trabajo. Colegas y amigos de todo el poder ejecutivo, desde el Consejo Nacional de Seguridad hasta el Departamento de Estado, la Tesorería, USTR, AID, DOD, y más . Por encima de todo, les agradezco su dedicación y su profesionalismo. Por supuesto, mi agradecimiento especial a la Dirección de Asuntos del Hemisferio Occidental, y ahora a este gran grupo que forma la misión de los Estados Unidos ante la OEA.

La otra parte, desde luego, son los vecinos. Además de todas nuestras actividades profesionales, debo confesar que desde hace ya muchos años me he divertido, y he disfrutado plenamente el trabajo, las visitas y la convivencia con tantos amigos en todo el Hemisferio. Es por eso que mi familia y yo hemos pasado tanta parte de nuestra vida en las Américas. Muchos de esos amigos de las Américas están aquí hoy; les agradezco a todos su presencia y su solidaridad.

Prestar servicio al Presidente de los Estados Unidos de América, especialmente para los que somos hijos de inmigrantes, es el sueño americano hecho realidad. Este servicio es posible gracias al fuerte apoyo de la familia, como suele recalcar siempre y de manera tan acertada el Secretario Powell. Gracias por ese apoyo.

Mi familia está reunida hoy aquí, entre otros mi madre, mi hermano, y el recuerdo de nuestro padre, para compartir este momento. Claro, también está Nini, quien siempre ha estado conmigo, y quien, a través de su prisma tricultural, desde nuestros días en la universidad, me ha mantenido al tanto de cómo el resto del mundo percibe e interpreta lo que los Estados Unidos hacen y dicen. Pero lo más especial para Nini y para mí hoy, son nuestros hijos, Tina, María y Eddie, y John y Karen, y ahora, los nietos.

La presencia de los nietos y su alegría, su maravillarse ante todo, su inocencia y sus sueños nos hacen retornar a lo básico. Porque lo que hacemos y cómo lo hacemos es nuestro legado para ellos. Eso es muy, pero muy importante.

  
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